La transición energética en Alemania, un modelo a tener en cuenta en la Argentina

Por María Gabriela Ensinck, periodista del diario El Cronista invitada por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores a participar del viaje temático a Alemania "Green Economy" en junio de 2017. 

A mediados de junio tuve la oportunidad de visitar Alemania para asistir, junto a 17 expertos en energías renovables, funcionarios de gobierno y periodistas de diferentes países, a un workshop de una semana sobre las Oportunidades y Desafíos de la Transición Energética.

El viaje comenzó en Hamburgo, reciente sede de la reunión del G20, ciudad que fuera destruída en un 80% durante la Segunda Guerra Mundial y hoy exhibe una pujanza y modernidad notables. Allí tuvimos una reunión con representantes del Eco Logic Institut, uno de los organizadores del viaje junto al ministerio de Relaciones Exteriores (Auswärtiges Amt). Luego se sumaron el clúster de Energías Renovables de Hamburgo y el Hamburg Institut.

Este primer taller nos brindó un panorama de la transición energética (die Energiewende), un camino que llevó a la decisión de apagar las centrales nucleares que aún funcionan en el país de aquí a  2021 sin que esto afecte la actividad industrial,  según comentó Katharina Umpfenbach coordinadora de Energía en el EcoLogic Institut. Hoy, el 35% de la demanda eléctrica de Alemania proviene de fuentes renovables (aunque la cifra es bastante menor en los sectores de calefaccionamiento y transporte). El compromiso es pasar a más del 40% en 2020 y llegar, en 2050, a cubrir el 90% de su demanda con fuentes limpias y lograr el 100% de eficiencia energética.

Aquí las comparaciones son odiosas, pero necesarias: Argentina, un país con la mitad de la población y el PBI per cápita de Alemania, pero con un territorio más extenso y mayor capacidad eólica y solar por su situación geográfica) tiene hoy menos del 4% de su matriz eléctrica basada en renovables, y -según la nueva Ley de Energías Renovables- llegará al 20% en 2025.

En Alemania, la transición energética tiene tres pilares: “la transformación del modelo de negocios desde las grandes centrales energéticas hacia la generación descentralizada de energía en cada hogar; la fijación de metas concretas de reducción de emisiones (de gases de invernadero) por parte de los gobiernos nacionales y locales; y la participación de los ciudadanos que generan energía en sus propias casas para autoconsumo y para volcarla a la red”, explicó Stefan Schurig, director de la comisión de Clima y Energía del World Future Council.

Y aquí una nueva diferencia con el modelo argentino, basado en grandes licitaciones (el Plan Renov.Ar 1 y 1.5 lanzado por el actual gobierno promete obras por más de 1.000 Mw, pero su principal escollo es la financiación). En Alemania, cada comunidad de vecinos puede invertir en aerogeneradores o paneles fotovoltaicos, e incluso muchos productores rurales lo hacen para complementar ingresos o financiar sus actividades tradicionales. Así nos lo comentó Reinhard Christiansen, miembro de la Asociación Eólica Alemana, quien vive y tiene su establecimiento productivo a 500 metros de la frontera con Dinamarca, durante la visita a uno de sus aerogeneradores, con su cabina a 85 metros de altura, a la que pudimos subir a través de una interminable escalera marinera. Durante el taller, no solo obtuvimos información por  por parte de expertos alemanes, sino que pudimos intercambiar experiencias de 17 países en boca de cada uno de los participantes.

Una de las visitas que más me conmovió en lo personal fue la que realizamos a un búnker energético en Hamburgo (ver: www.cronista.com/negocios/Un-bunker-de-la-Segunda-Guerra-convertido-en-planta-de-energia-renovable-20170626-0002.html ) , un refugio antibombardeo transformado en una planta de energías renovables con paneles solares en su techo y un enorme biodigestor en su interior. El edificio resume en sí mismo esta transición: un monumento bélico que es hoy un símbolo de la protección del ambiente y la lucha contra el cambio climático.

La segunda ciudad que visitamos junto al grupo fue Kiel, sobre el mar báltico y capital del estado de Schlesswig Holstein (uno de los más avanzados en la transición energética y con compromisos más ambiciosos en energías renovables que el gobierno federal). Allí pudimos disfrutar algunas horas del festival de música y gastronomía de la Kieler Woche, y un fabuloso paseo en velero.

Ya en Berlín, a donde arribamos viajando en un tren veloz que cubrió el trayecto de más de 500 kilómetros en menos de tres horas, llegó la parte final del workshop. Uno de los puntos centrales fue la visita al Bundestag, sede del parlamento, con su increíble cúpula vidriada. Allí mantuvimos una entrevista con Johann Saathoff, uno de los representantes, miembro del comité de Agricultura y Energía. También pudimos presenciar algunos minutos de una discusión parlamentaria sobre temas de empleo y flexibilización laboral.

En tanto, en el ministerio de Economía y Energía, mantuvimos una charla con el secretario Rainer Baake, quien nos ilustró y brindó mayor contexto sobre el futuro de la transición energética en Alemania y los planes de cooperación con otros países. También mantuvimos un almuerzo con funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores.

Finalmente, tuvimos una reunión con representantes de las organizaciones Agora Energiewende, Klima Allianz, y el director de la Unión Industrial Alemana. En estas presentaciones pudimos tener una visión más amplia de los avances, puntos críticos y desafíos pendientes de la transición energética.

El “broche de oro” de esta intensa semana fue la asistencia a un concierto de la Filarmónica de Berlín, que todos disfrutamos enormemente.

La excelente organización del workshop, coordinado con profesionalismo y calidez por Sarina Bstieler y Elena Von Sperber del EcoLogic Institut, reconfirmó la imagen de Alemania como una nación abierta, trabajadora y eficiente. Un espejo donde mirarse y ampliar los lazos de amistad, cooperación tecnológica, económica y cultural que unen a nuestros países.