En el país de Lutero

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Paula Pico Estrada es doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Buenos Aires y profesora adjunta a cargo de la cátedra de Filosofía Medieval de la Universidad del Salvador. En el marco del Programa de Visitas del Gobierno Federal alemán fue invitada por gestión de la Embajada de Alemania en Buenos Aires a participar del viaje temático “„Lutero 2017“ – 500 años de la Reforma en Alemania”.

Durante una semana, la última semana de junio, fui parte de un viaje organizado por el Instituto de Relaciones Exteriores (IFA) y financiado por el Ministerio de Relaciones Exteriores (AA) de Alemania. Eramos quince invitados en total, mezcla de académicos y clérigos, todos reunidos en torno a una figura que revolucionó la historia, Martín Lutero, padre de la Reforma. Como es bien sabido, el próximo 31 de octubre de 2017 se cumplen 500 años del inicio simbólico de este movimiento y hace diez que el gobierno festeja el Jubileo. A lo largo de los siglos, y dentro de la misma Alemania, la figura de Lutero ha sido depositaria de distintos significados. Fue demonizada por el catolicismo, rescatada hasta cierto punto por el comunismo, idolatrada por el nacionalismo. En la actualidad, se intenta recuperar algo que excede la persona histórica de Lutero, es decir, los efectos que la Reforma tuvo en la cultura, tanto inmediatos como a largo plazo: la difusión de la lengua, la alfabetización, la educación superior, la tolerancia y el diálogo interreligioso. Estos dos últimos han sido ganados a costa de mucho sufrimiento y elaboración, pero se pueden encontrar sus gérmenes en la libertad de conciencia que Lutero defendió.

El viaje del que formé parte se desarrolló en ese clima de diálogo y de interés en la educación, un clima que, a pesar de que ya pasaron dos meses desde que volví, todavía me acompaña, como si tuviera puesta una escafandra, mi escafandra alemana. Además de los encuentros con funcionarios, religiosos, académicos y empresarios, con quienes tuvimos charlas sobre varias cuestiones pertinentes al tema del viaje, estuvimos en tres lugares clave de la Reforma: Erfurt, donde está el monasterio agustiniano en el que ingresó Lutero a los 21 años; Eisenach, donde vivió y estudió como adolescente; Wartburg, el castillo en que tradujo el Nuevo Testamento al alemán; y Wittenberg, donde fue predicador y se pronunció contra la venta de indugencias por parte de la Iglesia católica, iniciando así la Reforma. En Wittenberg tuvimos acceso a una primera edición del Septembertestament y a la Biblia familiar de un amigo de Lutero, dedicada por él. En Erfurt vimos el vitral de la capilla, donde hay una rosa que inspiró el sello que diseñó Lutero mismo, die Lutherrose. (Sello que de ahora en más adorna mi llavero.) En Eisenach dormimos dos noches en un elegante hotel que quedaba dentro del predio del castillo de Wartburg, y pudimos ver, desde nuestras respectivas ventanas, el mismo paisaje boscoso que él seguramente miraba durante los nueve meses de encierro. A la noche, en esa misma ciudad, comimos en Lutherstuben, una taberna ambientada en el siglo XVI, mención no casual, ya que la comida fue uno de los grandes placeres de la estadía. Siento especial nostalgia por las salchichas y el aranque en el desayuno y por un acompañamiento típico de los platos de carne y pollo, los Klöße, deliciosos bollos mezcla de papa y pan, a veces también de sémola.

Un viaje no puede resultar tan exitoso como este, si detrás no hay una planificación detallada y un trabajo duro, antes y durante. Es grande mi agradecimiento a la doctora Odile Triebel, responsable por el viaje, y a Sebastian Blottner, que, junto con ella, nos acompañaba. Fueron a la vez pacientes e inflexibles y contribuyeron en gran medida a que nuestro grupo de quince personas no solo funcionara de un modo organizado, sino que también estableciéramos una relación cordial, profesional y, en muchos casos, amistosa. Combinación de ambas, por ejemplo, es la que formé con Marianne Wilson, coordinadora del programa Reformation de los Archivos Nacionales del Reino Unido, con la que me voy a encontrar en Londres dentro de unas semanas.

El regreso a la Argentina fue mezcla de tristeza, por irme de Alemania, y de expectativa, por todo lo que tenía para hacer a mi regreso. El viaje impulsó muchos aspectos de mi trabajo y desde que llegué estoy dedicada a ellos a tiempo completo: una traducción de La libertad cristiana de Martín Lutero, un curso sobre la polémica entre Lutero y Erasmo y la dirección de un proyecto de investigación sobre la recepción del concepto agustiniano de “libertad” en los pensadores de la Reforma. Esperemos que la escafandra se mantenga firme sobre mi cabeza.